Hoi An
¿ Y por que
no un poco de pedaleo por la zona rural?
En el hotel
nos prestan unas bicis y allá que nos vamos, sin mapas pero con mi brújula
natural con la que nací pegada al trasero.
Nos
adentramos por caminos todos ellos habitados
y con la particularidad que las casas están muy bien construidas , muy
bien pintaditas y muy arregladitas.
Poco
tráfico y todo el mundo con el “ helou”
en la boca.
Veo algo
que reluce en la orilla de la carretera y al acercarme advierto que es una semiesfera de cristal
espejo y que sirve para concentrar el calor del sol y cocinar, ahorrando de
esta manera combustible.
Ahora vamos
pegados a uno de los tantos brazos que tiene el río y observamos a los pescadores en sus barcas
dedicados a sus tareas. Las redes
enormes se sumergirán en la noche con un farolito en el medio que sirve de cebo
y atracción, para luego y mediante una
manivela subir las redes , quedando el pescado fuera del agua y a merced de sus
pescadores.
Mi bici
tiene un manillar que parece un rallador de zanahorias y me tiene las palmas de
las manos rojas y escocidas. Mejor las regresamos y nos alquilamos una moto por
lo que hoy probamos todos los vehículos de dos ruedas que no necesitan
presentar examen de conducir ante las autoridades.
Casas en mitad del campo
¿ Se nota la tranquilidad del lugar?
¿ Se escucha el silencio de la campiña?
De nuevo
otra vez motorizados nos encaminamos en dirección a la playa, llamada Cau Dai.
Hay mucho supe hotel con villas
elegantes y sin clientes. ¿ A que se dedican en realidad?
Hay otra
zona con mucha palmera y enramadas con restaurantes. Siempre hay mas oferta que
demanda por lo que se ven bastante vacíos en general aunque hay gente en
tumbonas leyendo, escuchando el iPod y bañándose.
A tres km
hacia el N, se encuentra la playa de An Ban, solo 6 enramadas, la que hemos
elegido se llama Soul Kitchen y tienen las mesas muy separadas por lo que nadie
molesta a nadie, pisas sobre césped por lo que es muy agradable ir descalzo y
para cuando terminas de comer tienes unos sillones tan anchos que parecen camas
o son camas que parecen sillones. Probamos un carpacio de atún pero por el
grosor de las cortadas más bien podría ser shashimi y luego unas deliciosas
pastas, con almejas para Eva y con camaroncitos para mí, todo regado con una
fría cerveza de barril.
Uno de los
sofás- camas nos hace ojitos. nos enfilamos hacia el antes que nos lo roben y a
descansar la comida en posición horizontal mientras un cafetito con hielo nos
sosiega el paladar lo suficiente antes de abrirse camino
rumbo al tubo esofágico.
Nadie vende
collares, nadie se acerca a ofrecer boat trips uan hauar. Placidez total. Como
para quedarse a vivir un rato.
Me mojo los
pies para que nadie me diga que se siente remojarse en el mar de la China.
Mas
templado que el Mediterráneo pero mas frío que en México en esta temporada.
Se acaba la
batería antes de tiempo. No la debimos cargar apropiadamente. Hoy poca foto y
menos texto














